Adiós amigo fiel

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amigo fiel

Ayer fue un día muy difícil y cargado de emociones encontradas pues uno de mis mejores amigos estuvo apreciando su último atardecer junto a nuestra familia. Con este amigo pasamos muchas días, años, juntos compartiendo maravillosos momentos y aprendiendo hermosas lecciones.

He cancelado todos los compromisos que tenía para estas 24 horas pues  es mi deseo acompañarle hasta el final. Ya no podía mantenerse en pie, se fueron quedando atrás las largas caminatas, la compañía  a realizar diligencias a los centros comerciales para esperarnos afuera en portería , ya no podía acompañarme a las diferentes panaderías cercanas en donde las vendedoras  le conocían y la ñapa o vendaje siempre era para el.

No presumo de tener muchos amigos pero sé que después de Dios, tenia uno de los mejores,  que ahora se ha marchado de mi lado. Ha sido el compañero perfecto, no creo sentirme merecedor de tanta dulzura y lealtad. Cualquiera que haya vivido la maravillosa experiencia de tener un amigo como este, sabe que no hay nada más doloroso que el momento en el que tenemos que decirle adiós.

Indescriptible el inmenso dolor que sentimos por ellos cuando debemos desprendernos. Mi buen amigo, un educado labrador negro de entrañable inteligencia, mi fiel compañero BLACKY con el que solía recorrer sectores al sur de Santiago de Cali fue tocado por la enfermedad y aunque mi corazón estuvo confiado en que Dios lo podía salvar después de un diagnostico reservado por parte del veterinario, en el tercer cielo querían congraciarse con su dulce compañía.

Hoy he entendido que nuestro perro es lo único en la tierra que nos ama más de lo que somos capaces de amarnos a sí mismo. Su afecto y lealtad es capaz de llenar el amor de falsos amigos y corazones mezquinos. Ellos son solo amor y a diferencia de los humanos que venimos al mundo para aprender a amar a los demás, a ser leales, cariñosos y a  ser buenos, los perros ya saben como hacerlo y por ello no tienen que quedarse con nosotros tanto tiempo.

Hoy recuerdo lo que me sucedió cada vez que perdí un perro en casa. Se llevó un pedazo de mi corazón con él. Y cada perro que ha entrado en mi vida me ha regalado un trozo del suyo. No olvidare a Sultán, a Katiuska, a Bengie, a Zeus y ahora a Blacky, dueño de un buen pedazo de mi corazón y del corazón de mi familia que se encuentra quebrantada ante la partida de Blacky.

Tengo un sabor agridulce de esta dolorosa experiencia; amargo por saber que ya no esta a mi lado para acompañarme y tener que tomar una decision dificil; dulce por todas las cosas bonitas que compartimos, que han quedado incrustadas en mi corazón como especial tesoro, por tantas alegrías y travesuras compartidas con mi loquito.

Amado Padre celestial, gracias por la vida de Blacky, por enviarlo al seno de nuestra familia para enseñarnos en pocos años lo que no hemos podido aprender en décadas. Siempre que esto ha sucedido me repito que, este sera el ultimo que tendremos en casa pero también me repito que, hay muchos como el, que están buscando a personas que tengan corazones como el nuestro  para derretirlos desde su llegada. Mi entrañable amigo Blacky dile por favor a Dios que te de una habitación un poquito mas grande en el cielo para que cuando yo me vaya, pueda compartirla contigo.

En sus ultimas horas quisimos convocar a algunos miembros de la familia que también tienen sus mascotas, casualmente familiares de Blacky, para acompañarle en su transición final ,acariciándole, hablándole, sosteniendo su carita, despidiéndonos y dándole gracias por tanto amor.

Blacky era un perro labrador negro con 9 años al que le detectaron fallo renal hace 2 años.  El animal comenzó a perder en la última semana calidad de vida, las complicaciones de salud y las onerosas tarifas de su tratamiento provocaron que tomáramos la fatal decisión de ponerle fin a sus días de sufrimiento, por lo que pautamos una  cita con el veterinario para realizarle la eutanasia.

En compañía de mi amado hijo en quien mi corazón tiene complacencia acudí a la cita para darle el ultimo adiós y ver como su vida se escapaba entre mis manos. Finalmente aprovecho este espacio para darle muchas gracias a tantas personas cómplices que le hicieron su vida mas amable, mas hermosa a este dulce y obediente animal que despertó en nosotros sentimientos sublimes y sobrecogedores. Adiós a un gran maestro que vino a que aprendiéramos muchas cosas y que hoy ha terminado su misión. Adiós amigo fiel, Adiós a mi buen amigo Blacky. Un amigo perfecto.

Por: Carlos Alberto Arias Baquero